Buscar

vistas

jueves, 3 de junio de 2010

El Básquet y Asunción


El Básquet y Asunción.-


Un día me despertó mi vieja, me vistió de deportista y me llevó a un club deportivo para que juegue al “Básquet”.

En Paraguay, salvo una selección brillante de la década del 50 y algún resquicio en los 60´s, quines ganaron un torneo Sudamericano, nunca más ganamos nada; sin embargo, entre los devotos de este deporte, las contiendas siempre fueron duras e imponentes.-

Era tan chico esa mañana que la pelota superaba ampliamente mis posibilidades reales de poder manejarla, no había caso que con la fuerza de mi tiro llegase a embocar, ni cerca llegaba.-

En fin, pasaron los años, las divisiones menores, profesores, compañeros, caídas, derrotas y triunfos, y me hice un buen “base” de este deporte. Tenía velocidad y un tiro de tres puntos interesante como virtudes, aparte tiraba buenos chistes a los entrenadores, que me posicionaban entre los primeros en las consideraciones, por buen tipo.

Mi viejo, me decían, en los distintos lugares que este deporte me llevaba, había sido uno de los pocos grandes ídolos del básquet en un país esencialmente futbolístico. Mi viejo llega a los 1.90 cm yo quedé casi 20 cm abajo.-En casa había algunos cuadros, medallas y un archivo casi corroído de fotos de esos días.

En fin, lo lindo del básquet, entre otras cosas, fue el recorrido asunceno que realizamos por clubes de este deporte. Es raro, pero el hincha del básquet, es cómo miembro de una tribu enfermiza que llena estadios y después uno nunca más ve a esa gente.

Cada barrio importante en Asunción, por lo menos tiene un club donde hay algún “Matungo” o bien algunos pequeños talentosos de este deporte.-
Mi viejo se había criado en “Las Mercedes”, el barrio del cual sin haber vivido yo me siento un poco parte; ahí existe hasta hoy el mítico “Rowing Club”, si, de remos nada, su actividad principal desde sus dorados años a hoy es el “Básquet”.-


Tanto mi viejo me habló del “Rowing” que cada vez que jugábamos contra ellos, era como que me dolía un poco marcar tantos, además siempre le ganábamos. Fueron victorias muy amargas aquellas, pero recuerdo lo intenso de los partidos y lo vieja de la cancha de un parquet oscuro y auspicios colgados de marcas que ya ni existían.

En las canchas de “Básquet” hay un olor característico a Cancha de “Básquet”, hay tipos que están todos los días jugando, tirando al aro, hay como dos o tres viejos que aconsejan y son en parte patrimonios de esos clubes; y una cantinera, que le das la pelota y sabe lo que hace. Los chicos que viven en las cachas son casi imperceptibles, uno no se da cuenta pero están siempre ahí, jugando, desde temprano hasta tarde, forman la decoración barrial. Sus viejos saben que si no están en sus casas es porqué están jugando al básquet, para éstos chicos, su infancia esta en el barrio, en su club.-

Del “Rowing” siempre salió buena gente, como del “Olimpia”, que si bien su fuerte es el fútbol, en el “Básquet” cuando surgía un “mostro”, ellos lo llevaban casi siempre.- Al Olimpia también siempre le ganábamos, y como soy fan del club en fútbol, esas victorias también fueron extrañas hazañas, con culpa los domingo iba con mi abuelo a ver fútbol, con temor a encontrar alguno de mis rivales del día anterior, creo que me habrán visto, y perdonado al entender que son pasiones distintas, con una pelota redonda distinta que nos diferenciaba.-

Cuando, por cuestiones al fixture te tocaba jugar en el “Cuidad Nueva” sucedían cosas interesantes. “El Cuidad” es un club bien de barrio, ubicado en el medio del “mercado Nro. 4”. Entre sus vecinos hay estafadores profesionales, criminales menores, prostitutas lindas y no tanto, grupo de inmigrantes orientales, libaneses, turcos y árabes, existe una cantidad indescriptible de vendedores ambulantes y el menos “vivo” ahí, con el saludo ya le estás debiendo unos guaraníes.

Los tipos del barrio Cuidad Nueva, a los dos años ya saben la tabla del 9, la cotización del dólar, y por lo menos 25 insultos para los policías y la gente del ministerio de tributación.-

Entrabas al “polideportivo” del Cuidad Nueva, con un poco de miedo, en el fondo los veías ya tirando – nunca fallaban – y eran todos los jugadores muy parecidos. Sus madres y familiares eran de lo más ruidosas, escandalosas y pintorescas.- Pasabas enfrente y ya te gritaban:
- Putito sácate esa remera;
- otras más jóvenes te decían: Mi amor, ¡vení que te como!; y cosas relativas a eso.-

El partido y estadio, si no lo conocías tenía más mañas que ir a jugar truco con los abuelos: Pozos, desniveles, lugares resbaladizos, goteras, los aros variaban sus inclinaciones y altura; y los del “Cuidad” se sabían todas.- Ganar ahí, era como tocar el infierno y salir vivo.-

Los jugadores eran algo así como los que inventaron la picardía sudamericana, y si no fueron, ellos la perfeccionaban día a día: Al saltar te pisaban el pie de impulso, en los rebotes te metían los dedos en los ojos, gritaban, te arañaban, olían raro a propósito y sudaban más de lo normal.

No sé como hacían eso, pero lo hacían. Muchos de ellos, acudían con un tipo de silbido otros en cambio no se acercaban a esos llamados, había como una casta de guerreros que escalaban escalafones conforme pasaba el tiempo o sus misiones. Vaya uno a saber. En los entre tiempos el agua de los vestidores visitantes se cortaba, y te cobraban intereses en las coca colas de las cantinas, la comida no era recomendable comprarla si ibas ganando y nunca pero nunca te hagas el gaucho con las chicas de la hinchada del Cuidad Nueva. Podrías morir. Estas sin embargo, te miraban constantemente, te hacían guiños, pero nosotros ya sabíamos por leyendas de personas que se aventuraron a contestar este cortejo. Nunca más volvieron a esa cancha.

Nunca. Ir ahí era perder de todos modos, o en la cancha o fuera de ella, pero era una aventura.

Todos los jugadores del Cuidad tenían apodos: “Skeletor” I, II y III (eran tres hermanos muy flacos) eran los más temidos. Diminutos, pero tiraban de donde sea y embocaban, no se reían, ni nunca te dejaban de mirar con cara de desprecio. Si la táctica era que tenías que marcar a uno de ellos, estabas si o si en problemas, corrían a una velocidad que mis palabras se quedarán cortas y lentas.-

Yo no podía creer como jugaban en su cancha estos muchachos del “Cuidad”, pero a la vez, los entendía: Amaban su barrio, su idiosincrasia y había que ganar con eso en contra. Si no ponías corazón, ellos te liquidaban si compasión.-

Ganamos muchas y perdimos unas cuantas. De local “El Ciudá” como gritaban ellos antes de empezar, casi como un grito de guerra. Era un equipo temible. Al terminar el partido, y antes de desaparecer por pasadizos secretos todos los jugadores, te estrechaban las manos, te felicitaban como caballeros y volvían a sus respectivas cuevas. Muchos hoy siguen ahí, iguales al paso del tiempo, sin duda alguna.

Recuerdo que en una oportunidad, sin darme cuenta, un jugador logró sacarme la goma del short – o cortarla – y quedé con mis calzoncillos al aire antes de una “bandeja” logrando desmotivarme por la burla y gritos de la parcialidad local. El Dt nuestro pidió tiempo al acto, me cambió y me dijo:
- Carvallo, al banco, con esos calzoncillos no le jodes a nadie.-

Ese día decidí usar los nuevos “Boxers”.-

Cómo teníamos un grupo homogéneo y tenía unos compañeros que rozaban los dos metros de altura, nuestro equipo era muy bueno. Yo y los bajos, corríamos, y cuando no sabíamos que hacer, tirábamos arriba y que se arreglen ellos.- Esa era la táctica.

Yo tenía a mi vieja en todos los partidos sentada con otras madres en las tribunas, de local o visitante, lluvia, calor, frío etc, demostraban más “aguante” que estos nuevos “barras – bravas”. Mi viejo en cambio, el gran basquetbolista de los sesentas, nunca fue a ver a su pupilo. Quizás el ya sabía que lo mío era un sueño y no pasaría de la sub 18.-

En la zona más álgida de la cuidad, al lado del club “Cerro Porteño”, está ubicado el “Sol de América”. Este club, de uniformes absolutamente azules, era un club de un grupo de asuncenos que de verdad no los veías nunca, ellos creo, tendrían un fuerte especial, un lugar no conocido o algún tipo de prohibición tácita, o felicidad expresa que hacía que sólo se muevan en lugares del barrio. Eso que en Asunción nos conocemos todos.

Estos tipos frecuentaban otra dimensión, estoy seguro, algo así como Star Trek o Lost para los más jóvenes.- Pero de que sabían jugar, sabían. Digamos que en esos años el clásico era con ellos.-

Los tipos vivían ahí. Estoy convencido. “El Sol” era un lugar lindo, pero estaba en sepia, ahí los colores se notaban raros. Afuera, en las adyacencias al bajarte del “23” o si llegabas en auto – peor-, ya te miraban raro, era cómo cuando entra un “Forastero” a una cantina en un “Western”. Del jolgorio del barrio obrero de Asunción, a un silencio peligroso, sobre la quinta avenida se encuentra la entrada, era como peregrinar por las veredas hasta ingresar al club.

Todos los vecinos, hasta el que vendía chucherías iban a ver el partido, a gritar y sacarse el indio de adentro y procurar que pases uno de los peores momentos de tu vida. Los jugadores eran altos siempre y jugaban bien, muy bien, tenían mañas y dominaban la psicología del deporte.- Ahí hermano querido, tenías que sudar, remarla y de por ahí, por esas cosas de la vida, sacabas una victoria ajustada. La cancha de Sol era hostil, pero si jugabas bien, terminabas convocado por alguna selección capital para giras por el interior, que ahí compañero, estabas viajando a otra historia y pasabas a ser un “patricio” del básquet juvenil de esta cuidad.-

Cuando te tocaba ir a jugar a Libertad, en Tuyucuá, o al “Félix Pérez Cardozo” de Villa Morra, tenías asegurada una batalla deportiva titánica.- Los tipos de Libertad sobre todo eran parecidos a los griegos históricos. Hasta que no termine el partido, los jugadores se mataban a capa y espada. Es una cancha que en verano, podría llegar a punto de ebullición tranquilamente a las nueve de la mañana, a eso de las 15:00, si tenías problema con la presión, eras boleta.- En el Félix Pérez, era como un lindo paseo, un club ubicado entre hogares más normales, y con un barrio más sereno, con gente que te recibía un poco mejor, y por lo general no presentaban equipos tan duros. Lo de ellos era competir, el resto te jugaba a que si no ganaban por lo menos perdieras una parte de tu cuerpo o tengas un drama sicológico de por vida.- “Félix Pérez”, como fue un creador y artista de la Guaranía y dejó obras tan hermosas, los jugadores de ese club, como que se apiadaban más de la competencia, y jugaban más por el deporte simple.- Era interesante ir ahí, ya que la cantinera no subía los precios y te vendían unas buenas empanadas de jamón y queso.-

Una tarde, en el “Leon Condou” estadio local nuestro, estábamos practicando los tiros previos, jugadas y calentamiento para empezar el partido. Yo como siempre y todos los partidos, pisaba un charco de coca cola derramada – que es para no resbalar tanto – y estiraba mis piernas, estaba tensionado ya que el rival de turno eran los del “Deportivo Internacional”, un equipo que lo único que quería era ganarnos, no eran ni buenos ni malos, su cantina dejaba mucho que desear, pero a estos lo conocíamos bien, y ellos a nosotros, sabíamos a quien marcar y sus hinchas femeninas eran lejos las mejores bellezas del circuito. Nos jugábamos alguna salida, algún número de teléfono que podrías sacar si el partido salía bien, sobre todo si uno podía lucirse, ahí no importaban tanto ganar o no, el tema eran los números telefónicos posteriores y la publicidad del ego a nivel femenino. Ese partido te ibas con la mejor “facha” deportiva.-

Cuando el referí del evento llama para el “Salto” y la apertura del partido, veo entre la gente llegando a mi viejo. Se levantaban a saludarlo, los entrenadores le hicieron un guiño, y el réferi incrédulo preguntó si ese era quién el creía que era. - Un “mostro” era ese- sentenció el juez del encuentro.- A mi me empezaron a temblar las patas, me puse tensó y me pesó el apellido.-

Terminé el partido con cero puntos, cuatro pérdidas de balón, dos torpes caídas (una encima del público) y cinco faltas cometidas más una “puteada” por el Dt – ¡juga bien, vergüenza! – fue lo último que me gritó.

Al terminar, mi viejo me invitó a volver con él a bordo de su vieja FORD F.1000.-

- Che, José, me dice - el tema de querer ser ingeniero agrónomo creo que no es tan bueno, mejor seguí algo distinto, acá la gente no paga bien a los que trabajamos en el campo.-

Soy abogado señores y les estoy escribiendo esto desde un escritorio citadino.

El básquet sigue siendo un tanto “Under” en esta ciudad.

Cuando mi viejo cumplió sesenta, le regalé un aro de básquet. Ahí jugamos los mejores partidos de nuestras vidas hasta el día de hoy.-

2 comentarios:

pamela dijo...

jajaj!! me encantó!!

Eli dijo...

Qué bueno! Un lindo viaje a través de los años.