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martes, 15 de mayo de 2012

Relato extraído del vecino que se ha marchado.

... Me había sentado.- Acostarme no es una opción. Hay noches cómo esta que no recuerdo tu piel, otras, el tiempo se hace largo de recordar. No poder dormir es en un momento un arte, una obsesión peligrosa.No perder la paz de la noche, se vuelve costumbre. Había prendido la Tv y sin verla y sin sonido, sentía como la compañía de alguien que te consiente con simplemente estar. Así, comienzo a mirar la noche, así comienza mi día.- Es otoño y es Asunción: el destino, la suerte y la mala suerte, hacen que se deslicen matices climáticos que hasta suelen ser simpáticos. El no sonido que no es el silencio del que aveces somos devotos, es la falta del ruido de la paz, sonido que se funde con alguna alarma, algún murmullo de vehículos taciturnos. Soy parte de la decadencia de los pueblos que se vuelven ciudades improvisadas. Ahí, donde lo inexplicable se convierte en problemas de tráfico, la poesía en graffitis y el baile en souvenires falsificados en calles sin desagües pluviales.- Asunción es testigo del aumento de peso en el paso del tiempo. Es una mujer que se va dejando en su propia intriga, y que sin querer absorbe paz en sus restos verdes, en su corazón abierto, en su sangre espesa.- Mi insomnio que no se cura fácil sin vino, y como no tengo un peso, ni he tenido vino, lo mato mirando desde el balcón. Me viene la vida, la falta de fé y la poca luz encendida hacen que la mentira del mundo y los giros de la vida me hagan un atajo a caminos inciertos. Miró desde lejos, desde cerca me salen de foco las ideas.- Antes de dejar de ser, prefiero no haber nacido.
Me voy, disfrutando del no dormir antes que explote el silencio. .... Adios al vecino.

jueves, 5 de abril de 2012

El Viento

El viento, el recado de los cielos, hay algo más que no entendemos, nos lleva ahí sin darnos cuenta.
La paciencia que no fue, la sinceridad tampoco. Las ganas de ir, viajar a cualquier viaje. Entender a las nubes de otros lugares, sentir al viento, sus círculos interminables. Mirar atardeceres y amaneceres y que no se repitan, que sean fríos, calientes, altos, bajos, compartidos o solidarios a las compañías de la nada.

Que las manos, las bocas, las miradas y los consuelos sean siempre motivos de ir, de buscar, de escapar o encontrar. Que la vida que no es vida la dejemos en un solo acorde sonando para siempre en silencio.

Siempre una música acompañara el camino. Siempre.

lunes, 26 de marzo de 2012

cachafaz

Cachafaz! (le había gritado a mi abuelo)

Sólo tenía que empezar a darme cuenta, que los domingos, la locura, afloraría indefectiblemente.

Era sencillo pero cuesta convencer de las realidades a los niños incrédulos.

Digamos que podría haber sido 85/6 – habrán recuerdos más lejanos quizás, pero recordar nunca fue una cuestión a destacar en mi.

Los domingos, antes de cualquier situación personal, estaba la idea fresca de despertar e ir a correr atrás de una pelota, subir un árbol y ser el centro pleno de atención de los abuelos. Los primos y vecinos de las casas sin murallas de los ochenta, teníamos un código secreto a viva vos: El ruido de la pelota contra un portón de metal que no se usaba.

El arco, en la improvisación del fútbol de mitaí puede ser tan amplio concepto que no puede conjeturarse ni estudiarse: Con cuantos objetos, reales e imaginarios, hemos hecho arcos en partidos informales. En ésa época, teníamos un lugar, un amplio patio, sin uso, algunas rosas pegadas a una pared contigua que apenas subsistían y cada tanto se vengaban de los golpes con los balones, que cuero o plástico, sucumbían, y un portón, sin uso, de metal.

El ruido, de la pelota al marcarse un gol, era clave para la convocatoria de los domingos. El asado se olía a 600 cuadras, pero no era el de mi viejo, el barrio entero que en los ochentas estaba haciendo asado.

La tierra roja y los dos árboles de Nísperos, hacían de jugadores en medio de la cancha, los jugadores más conocedores del campo de juego, tiraban paredes con los Nísperos, y había veces que la incidencia de estos árboles, podrían llegar a determinar un ganador o perdedor en aquella canchita improvisada. Los dos pilares que sujetaban al portón eran los postes, las paredes eran el límite a lo ancho, y el otro arco siempre consistía en un palo clavado hacía años con zapatatillas o piedras al otro extremo. La cantidad de jugadas polémicas en aquél arco fueron motivos de todo tipo de trifulcas, y avivadas criollas. En fin, los domingos despertaba, me llevaban a los de mis abuelos y jugábamos fútbol hasta que las rodillas nos sangrasen.

El final del partido, era únicamente y sólo sí llegaba el llamado a comer el asado, hasta ese momento, no había forma de acabarlo, el medio día no significaba nada más que seguir hasta que las carnes estén en su punto. No puedo considerar otra alegría mayor que la jugar en esas canchas en esos días ya lejanos. Ni el aguinaldo me pone tan feliz.

No había internet, celulares y la verdad que no recuerdo cosas más tecnológicas que el VHS de mi tío Víctor.

Al terminar el asado, sudados, teníamos el correspondiente aseo que mi madre o sus hermanas entre dientes nos obligaban a realizar. Yo, señores, después de una costilla vacuna, soy tan dócil que parezco una canción de Brahms.

Era un domingo donde se confundían las sonrisas, la razón y la piel familiar es un conjunto perfecto. Ahí es cuando decís: Que más puedo pedir. Tenía 6 años aprox, y estaba realizado. No necesitaba nada más, pero sí, los domingos se terminaban en mi familia de una manera muy particular.

En el momento de un postre, la numerosa familia, tenía un acto-costumbre: Los hombres nos apartábamos y empezaba, lejos del sector femenino, a organizarse la ida a la cancha. No era muy fácil comprometerse a llevar a 7 chicos, ávidos, intrépidos e inconsecuentes. Pero el abuelo, enfermo mental del fútbol y tan amante de los domingos y la pelota, jamás titubeo, no nos pedía nada, ni orden, ni charla técnica previa, ni motivación, ni nada. Sólo estábamos obligados a ir, a ver a la reserva, saber los jugadores de memoria y en la primera ni que decir, el que decía la alineación con los suplentes primero, llevaba una coca con chipa de premio. A los que no conocen de esas “coca-colas” y chipas infantiles, quizás no gozaron del éxtasis juvenil.

La organización, dependiendo el rival y la cancha empezaba bien, hablando del club, discutiendo sobre los laterales y quién debería ser wing, o , del por qué juega fulano, porque Evaristo Isasi no estaba pasando un buen momento y que carajo le pasaba al D.T. para seguir manteniéndole a Krauseman por los laterales, si el “hdp” no marcaba, ni tiraba centros, decía mi abuelo. Todo lo que decía mi abuelo, su hijo, Víctor, el tío del VHS, le discutía, pero la discusión era tan pasional, que a nosotros insultos, botellas, cuchillos o si llegase a algún fusil no nos podía asustar. Llegaba la hora de ir, y ellos estaban más chochos que nosotros. Las diferencias políticas de la alineación principal se dilucidaban. ¡Vamos chicos!, y arrancaba la pelea para quién quedaba en los sectores de “ventanilla” de un Ford del Rey – familiar-. Luis y otros primos más jóvenes e indefensos, tenía que aceptar su realidad e ir al gallinero.

Lelo, mi abuelo, no manejaba desde los primeros años del 70, hizo las inferiores en el Club, y aparte del Olimpia sólo le interesaba el Olimpia. Así de sencillo, su vida, hasta el día de hoy depende del Club.

Sé que hay muchos eufemismos y cuestiones que con el paso del tiempo uno siente cómo más o menos importantes, yo creo que simplemente no existen tales realidades, para mí, y mi abuelo, el disfrute dependía de algo totalmente inmaterial.-

Habíamos llegado a “Para Uno”. Mi viejo, no iba a la cancha ni empedo –literalmente- antes que vaya yo, el ya estaba preocupado, por el club, entonces, apenas me daba para la entrada, pero como mi abuelo pagaba, a mi me quedaban unos mangos para antes de entrar, comprar unas naranjas. Esa extraña forma de pelarlas de las mujeres que vendían naranjas era cautivante. Ir a la cancha para mí no era sólo fútbol, había un escepticismo que quedaba desecho con respecto a la gigantesca oferta gourmet en las afueras del estadio, las naranjas, siempre fueron dulces en “Para Uno”, y jamás me perdí la oportunidad de saborearlas.

Llegábamos siempre unos minutos antes de arrancar la reserva, que en esos años, se llamaba o sub 23 o algo así. El estadio no pasaba del 200 personas y nosotros, instalados esperando que la serenidad y bondad del hombre más bueno que conocíamos, se vuelva totalmente intransigente, intolerante y a la vez brillante.

En la reserva, Lelo, mi abuelo, no se agitaba, tiraba cada tanto, con su radio pegada a la oreja derecha, cosas cómo: Pendejo de m… saca la pelota que lo parió!; Vos estás jugando en el Olimpia la p… que te parió!; Referé mirameeee, miraaa referí, yo, te espero afuera vendido hijo de p…! (los referís y los mediocampistas lentos, con mi abuelo, no la pasaban bien.)
Guaraní era el rival de aquel séptimo día de esa semana en los ochentas. Olimpia tenía que volver a salir campeón, porque, así nomás, es el hincha de Olimpia, el estadio se iba llenando, mi abuelo y mi tío, ya habían insultado a unos cuantos jugadores y bastante al referí, después, al terminar el partido, sabíamos, volverían a la normalidad.

Es raro, pero los insultos y epítetos de mis familiares eran con respeto y contra las malas costumbres, asumiendo que estábamos en una cancha de fútbol, ellos siempre fueron unos caballeros, insultadores, es cierto, pero caballeros al fin.

Al empezar el partido, nos parábamos, gritábamos y cantábamos. Olimpia ingresaba, ya éramos amigos de todos a los 10 metros alrededor de nuestras sillas, con todos los vecinos circunstanciales teníamos buenas relaciones, casi siempre.

En Olimpia, jugaban Almeida, Solalinde, Rogelio Delgado, Gustavo Benítez, Evaristo Isasi, Krauseman y Talavera, de los que más recuerdo.

Nosotros, sentados en platea baja, como de costumbre veíamos el partido a metros, sentíamos los gritos y si llovía o estaba mojado el césped, siempre nos salpicaban pedazos de pasto.
Krauseman, lateral, jugaba con nosotros prácticamente, al lado nuestro, siguiendo la línea de ida y vuelta, marcando mal y tirando malos centros, según mi abuelo.

Nos habían madrugado, apenas al arrancar el partido íbamos 1 a 0, y, cómo en el ´84 Guaraní nos había sacado un campeonato, eso para el abuelo era suficiente para insultar a todo el equipo, dirigencia y cuerpo técnico de Guaraní, pero bueno, el problema esa tarde era Krauseman!. La p… que teparió, rubio de m… poné huevos! – Krauseman, tenía, un constante y particular perseguidor y crítico de su juego: Mi abuelo, Lelo.; justo, en eso, el 2do gol de Guaraní por el lado del amigo el buen tipo de Krauseman.

Mi abuelo se paró, se arrancó unos pelos, mi tío tiró la guampa del tereré y se fue afuera del estadio. Dos a cero, minutos antes de terminar el primer tiempo, ANDA A CAGAR KRUASEMAN! SOS MÁS LENTO QUE UN TRACTOR EN SUBIDA HDP!

Al terminar el primer tiempo, ingresaba al estadio el hombre de goma, y nosotros, los niños aprovechábamos para relajarnos, mirábamos la elasticidad del hombre de goma y mi abuelo que discutía con sus vecinos circunstanciales, sobre tácticas, cambios, y KRUSEMAN.
Olimpia de movida, ingresa al campo con dos cambios en el medio y la delantera respectivamente, la defensa, bien gracias, los laterales no fueron sustituidos. Guaraní, sólo hacía tiempo, se defendía. OLIMPIA, intentaba demostrar el por qué de tantas copas en sus vitrinas, toques, paredes, tiki tiki y Talavera, con la 10 nos hacía delirar. Era un crack el arquitecto.

No había caso que emboquemos una, centros, pases a profundidad y nada, el palo, el arquero, un defensor o lo que fuese, en el arco sur del “Manuel Ferreira” Guaraní parecía tener un pacto con el diablo.

Nosotros no aguantábamos más, gritos, alientos, y no habían goles.
Cómo a los treinta minutos, KRAUSEMAN lo cambian de bando, y empezaba a tirar los centros en nuestras narices. No tenía suerte esa tarde ya casi noche de invierno. Sus centros eran o pasados, o cortos y mi abuelo se acordaba de sus parientes, vecinos, novias, esposas, ex esposas o lo que haya tenido aquel lateral. Víctor mi tío, apretado contra el alambrado estaba por llorar, como cualquier domingo, tan pasional el tío que llantos, onomatopeyas eran normales.

Faltando cinco minutos llega el Gol, al fin, esa música para nuestros oídos, delirio y preocupación. Vamos que podemos! Gritaba el estadio entero, menos mi abuelo, que sólo quería que Krauseman muera aplastado por alguna fuerza misteriosa, el lateral rubio de Olimpia, seguía con mal partido y encima ya se terminaba, por lo que aprovechaba el abuelo para insultarlo bien, últimos cinco minutos de insultos.

Procrastinar…Si sabía el significado de eso, era lo que quería yo en esos momentos.
Lelo, ya no se sentaba, la hinchada, 15 mil almas que gritaban. Mis primos y yo, estábamos entumecidos, estupefactos y Piero, de los más chicos, ya empezaba a llorar. Sé que todas las familias, a nivel profesional y en confidencia están locas, tienen sus dramas, diferencias y cosas así. Mi abuelo y mi tío, estaban en HD locos, antes que exista la tv por cable, y todo por un club, que a su vez, nos estaban dando el legado, el ritual, de ir a la cancha, los domingos, a nosotros se nos estaba inculcando. Sufrir: palabra tan amplia.

La tierra, el sudor, el laburo, el sueño de los sueños, el desgarro del hombre del día a día, esta implícito, todo, en el fútbol. Yo ya no entendía lo que pasaba, perdíamos la punta, podíamos volver a perder un campeonato, podíamos volver a perder con Guaraní, y mi abuelo, se me iba, venía un ángel y lo llevaba, o bien, que me lleve a mí por que aguantar la vuelta entre 9 en el Ford del Rey, no. No. No.

Minuto 44, Ataca Guaraní, Krauseman, cierra, no sé cómo un centro al segundo palo, Almeida, nada más ni menos, que el arquero Campeón del Mundo, se quedó parado. El rubio, roba la pelota que era Gol, y sale jugando: Krauseman toca para Guash, este se saca uno y mete a la derecha un bocha precisa a Evaristo Isasi. Si ud, creyó ver correr a wing, está equivocado, Isasi era una gacela en celo corriendo más rápido que el hijo del viento. Centro fuerte al medio, Talavera no llega, Bobadilla que había ingresado no llega y Julián Rosa Coronel, joven promesa del arco de Guaraní saca apenas la pelota que de tan potente envió sabrá ud, querido lector en quién rebota la pelota. Si. En el. Gol de Olimpia.

Viene el rubio corriendo, esquivando a sus propios compañeros, sacándose la rabia de encima, con esa calentura que sólo en el fútbol se puede producir a gritar e insultar a las dos personas y sus 7 sobrinos/nietos que estaban con ellos. Goool gritábamos, nos abrazamos, yo tiré el resto de la “coca-cola” que guardaba para la salida. Seba, mi primo me sacudía de arriba abajo, mi tío se abrazaba con los vecinos y mi abuelo, quieto miraba como lo insultaba KRUASEMAN, lo apuntaba, le dirigía la palabra. El estadio entero deliraba.

Al salir, subimos al Ford, y mi abuelo, feliz, dijo:

-Che, Víctor, viste como le gritaba Krauseman al viejo al lado mío. Cómo lo insulto, yo si fuese él, no sé qué haría.
-No te gritó a vos? – dijo Víctor.
-No, que me va a gritar ese rubio a mí cachafaz. No ves que el de atrás mío con la pinta que tenía y todo lo que puteó.
-Si, cierto, aparte, nosotros no dijimos nada.

En el lugar menos pensado, señores, puede haber felicidad.


-Chicos: Quieren helado, (dijo mi abuelo con su sonrisa de oreja a oreja)
-Sí dijimos. (nosotros con más sonrisas)

El tío Víctor giró y fuimos a tomar helados, a festejar que la punta seguía siendo nuestra.

jueves, 22 de marzo de 2012

somnolencia y el café


Las ganas de jugar, que un niño/a puede disfrutar tener son proporcionales a la posibilidad de ser feliz, para el niño/a, todo depende del juego, siempre que considere al lugar que le toque, como un hogar.

Ser feliz, es jugar a la vida, que no es un juego sencillo, cuando hay cuentas, dinero y amores truncados.- Vestir, alimentarnos y ser partes de sociedades hacen que las siluetas vayan cambiando, las personas que nos acompañan mutan, cambian y muchos mueren, en vida o mueren de esas muertes que van al cielo o al infierno o terminan en cementerios olvidados.-

Contar historias no es siempre sinónimo de saber o conocer; adelante o atrás o donde sea, pero si de haber caminado.

La verdad que no es verdad y las mentiras que nos gustan, tienen el mismo significado, las canciones que nos hacen correr, sentados, en las oficinas. Los gustos por la materia, lo inmaterial y lo que va más allá de estas cosas. Las “cosas” que hacen que pensemos en un más allá, nos alejan, proporcionalmente también, de la felicidad. Felicidad que podemos encontrarla al lado nuestro, y no nos percatemos jamás.

Buscamos constantemente superar lo que hemos logrado, disfrutar los logros no son disfrutados. Los logros no se festejan, y es, básicamente por el dinamismo que tiene la avaricia, la codicia y la intrépida forma de consumirnos a la monotonía. En fin:

_Había bajado dos cuadras, era de noche, el café me había dado energía que no buscaba. El café, el grano sudamericano que conquisto al mundo, hizo que durmamos menos y soñemos caminando. Me había encontrado solo, y sin darme cuenta que estar solo: Es enfrentarse a la vida. La vida, tan cotidiana palabra, tan corriente crueldad que parece sacada de un tango oscuro, tal vez una guarania melancólica de algún sur.

Había sido parte de la vulgaridad, de lo esencial de la amistad y me había enamorado con algunas miradas. Mi madre me había presentado a Elvis cuando era muy pequeño. No sé como esa noche, de café taciturno empecé a caminar. No era Paraguay, estaba de extranjero en calles sudamericanas. Sudamérica busca amor y respeto, y no nos respetamos y solo nos amamos por supervivencia.

Caminando, secuencia improvisada de pasos, la lluvia que gambeteaba los altos edficios, el frío y la ilusión de llegar a ningún lado me habían hecho una emboscada. De fuerte Olimpo a Uruguay nos van uniendo los ríos, Bolivia, Paraguay, Brasil, Argentina y Uruguay al mar. El río tiene un fin y comienzo infinito, una ecuación que no termina, como todo eso que pensamos mientras caminamos.

Había pasado el sufrimiento del frío, las lágrimas del cielo se habían apoderado de mis ropas, el silencio de una ciudad gigante es el augurio de una tempestad.
Comenzó la tormenta que no tenía vientos, sólo agua, que va al río.
Llegó un hombre, al rato de arrancar la parte más espesa de la tormenta, y, bajo un árbol inmenso, entró a refugiarse conmigo.

Me djo:
-Que hace Ud caballero que no está en su casa?
- Ando buscando una creo – respondí
-Yo he empezado a olvidar la mía, la lluvia me ayuda a veces.
-El tiempo también – dije.
-El tiempo también es la cura, que con el agua, borran las huellas, no el camino.- Me miró fijamente dos segundos, siguió caminando rápido, empapado hasta que no lo vi más.
-La quimera, el valor perdido de la reflexión corriente. (dije en voz alta en mi pensamiento mas callado)

En la urbanidad del orbe, la lluvia nos devuelve a la naturaleza de lo imprevisible, a la búsqueda del refugio, del calor corporal, al suspiro y las miradas encontradas.

Esperé dos horas que la tormenta pase. Pasaron dos horas más. No vi muchas personas, algún ruido de algún auto, o colectivo que de lejos dejaba una estela sonara. Espere el fin de la tormenta, que como siempre, paró.

Empezaré la búsqueda

, seguiré caminando.

otoño en el balcón.

Vamos, no sé qué decir. Sólo ir, que quedarse es peor.

La verdad que no voy con trivialidades, hay veces que solo sé que puedo escribir, ni trabajar, ni dormir, solo sé que puedo poner en papel lo que me hace reír.-

Somos tan frágiles, que la verdad, las nubes son más fuertes. Me abre la mente la ventana abierta, el ruido de la lluvia que arranca el otoño, que arranca las hojas, en el sutil manejo de las memorias que traen las hojas cuando caen, el olor a la menta, el mate, el vapor de su agua mientras perfora la yerba paraguaya.

Me gustaría algún día pedirme perdón, me he equivocado tantas veces que acertar es la excepción a la regla. Soy una hoja que se cae constantemente y florece cuando ríe.

De fondo, bien al fondo miro al chaco, al agua que va cayendo al norte, las hojas más bajas de mi balcón, los árboles más serenos. La calle, el murmullo de la vida agitada, yo lloro si quiero, río cuando pueden hacer que mi risa sea sincera y veo que el mundo en otoño, en este hemisferio, va teniendo sentido.

No sé que quiero más.

sábado, 18 de febrero de 2012

Hay una poderosa fuerza que intenta tapar la ansiedad. Sos vos mismo, la música que hay en vos.
Me faltan cuadros en mi memoria, solo los lleno con música, si bien, no tendré cuadros, hay acordes, melodías y distracciones sonoras a veces incoherentes otras solo comparten el sentido de soledad, otras, son como el sol cuando termina la lluvia, y como la lluvia en un día de pleno sol.-
No podría describir que haría yo sin la música, no sé hacer un solo dibujo, me gusta estar solo y pierdo la paciencia con el murmullo… pero podría explicar las sensaciones con sonidos atados que a su vez, son libres.-
Amaré las cosas que respeten la libertad del sonido.
Mi madre, en un acto que nunca supo me introdujo a la música, aclaro: no soy músico, solo soy un amante que ni siquiera exige reciprocidad.-

viernes, 10 de febrero de 2012

un taxi, una canción y el aire acondicionado

Cuando la confusión nos da claridad: Corre, amor, corre.
Cuando el remedio es la agonía – justo ahora, me quedo sin momentos-
Cuando el amanecer vuelve, me encuentro escondido sin saber que amanece, ni que estoy escondido.


Hace muchísimo tiempo que había escuchado por última vez tu voz. La misma voz, que paradójicamente siempre escuchaba. No sé cuanto sangra una herida. Esta señores, sangraba sin sangrar.-

En Asunción, no hay muchas veredas que puedan escapar del sol. El calor, en su habitad perfecto, lloraba de felicidad. Un taxi, que no era amarillo, había parado sin que yo lo haya llamado.

- Señor, ud es el del 8b?
Si – respondí sin saber quien era el del 8b (o 8v); (es más pensé en esa fracción de segundo mientras subía al taxi que no había llamado ¿Qué era 8b? – eran las siglas de una habitación? Eran las que denotaban un auto de esos que tienen motores muy grandes… con ocho cilindros);(también pensé, y eso que no pienso mucho últimamente: porqué estaba subiendo al taxi del señor del 8v/b.)
- ¿Adónde vamos? - hace mucho calor che – comentaba y preguntaba el taxista.
- Sí, la verdad que hace calor…
- Si… donde vamos? Es de acá? Preguntas dobles por parte del taxista

(en un minuto me sentí en una aventura en blanco y negro) no sé porque en una aventura, ni porqué en blanco y negro, pero tenía cómo imágenes de imaginaciones pasadas.
- Vamos al centro, dije cómo sabiendo donde iba.
- Pero... no teníamos que ir al puerto según escuché en la radio.
- Vamos al puerto, disculpe.
- No hay problema, prendo el aire acondicionado si quiere, diez por ciento más
- Por favor, le pago 15% más.-

El taxi, no amarillo, un “remis” tenía un aroma interno a guayaba fresca, me remontaba a mi infancia, el taxista, escuchaba una especie de bossa nova.

Se empezaron a corregir los momentos, en un taxi, con una canción y aire acondicionado.-

Rápidamente me olvidé del hombre del 8v/b – creía que la confusión era esas cosas imposibles que el destino las vuelve posibles, o bien, un fallo contemplado por el titiritero que se mata de risa con nuestras salidas de contexto.-

Caminaba por las calles de mi barrio, un taxi hizo una pregunta y yo fui su respuesta.

Tenía un poco más de 100 mil guaraníes y 100 mil recuerdos tuyos, el primero, paradójicamente en el puerto de Asunción.-

Cuando te había visto aquella vez, era verano, yo intentaba olvidar algo que ya no recuerdo y vivía cerca del puerto. En el puerto de Asunción, hay tantos olvidos que uno ya ni recuerda, es más, hay mucho más olvidos que barcos, sin embargo, ese día, post lluvia de verano, te había visto. Del recuerdo me nacen otros, pero no hay ninguno más importante que el primero de los recuerdos.- Tengo la imágen de las personas caminando, de varias aves que cruzaban el río desde el chaco.
Sabía con esa rara intuición que cuando te vi por primera vez, seguro, era seguro que unas palabras se escaparían ese mismo día entre nosotros dos. El jazmín es una planta tan sencilla y hermosa, que sus flores tan cercanas a lo perfecto ese día te hubiesen envidiado por tu belleza.

El taxi se manejaba sólo, el chofer, introvertido sólo estaba concentrado en la cadencia de las canciones en portugués. Yo no tenía otra idea que olvidar mis recuerdos, iba al lugar donde te había conocido, tus labios me habían dicho mil veces cosas más lindas de las que me había merecido.-

El aire acondicionado es un invento realmente interesante, también lo es la guayaba y también lo son los taxis que combinan el aire acondicionado, el aroma de guayabas y tienen una banda sonora que aumenta cualquier deseo.

Eran las once de la noche de un jueves. El desvío en frente al ferrocarril central siempre me hace pensar en las épocas asuncenas de esplendor. Cuantas personas ya pasaron por esas calles; mis abuelos, padres, amigos de ellos y sus respectivos antepasados. Cuantos nativos antes que los españoles invadiesen nuestras tierras, habrán corrido, habrán recolectado miel, bajado una fruta o simplemente habrán mirado al sol entrar y salir.

La noche de las once de la noche es la mejor de las noches. El cielo abierto reflejaba en los vidrios empañados del taxi, yo no sabía donde podía ir. Pedí al taxista si podría parar en algún lugar antes de llegar al puerto, quería una cerveza o algo que me acompañe en el encuentro mas impensado de esa noche en todo el orbe.

Esa tarde, la primera vez que te vi, luego de cómo seis miradas encontradas, fui y te pregunté ¿que hacías en el puerto?. No tuve respuesta, sólo una sonrisa, yo, sonreí también. De eso, no hay más que eso.

Llegué al puerto, pagué el 15 % del aire acondicionado; miré y caminé cerca del río, la luna, por más sola que estaba, brillaba y se notaba que no pensaba caer. Asunción a mis espaldas, y comprendí todo lo que tenía que comprender. Te olvidé mirando la nada y la nada que nunca da la espalda sabía que era parte de nuestra historia.-


Si ud era el que esperaba el taxi del 8v/b – le pido mis más sinceras disculpas.-

jueves, 26 de enero de 2012

así nomás.

No hay que ir por lo tan obvio, ni por lo tan cruel, el punto medio, eso que llaman conformismo, es ahí donde me gustaría estar.-

Sentarme, acostar mis ansias por que simplemente han sido saciadas, no alimentar la codicia ni las ganas de mas. Esa supuesta intención de superarse a cualquier costo. Pedir una cerveza de mas, a disfrutar la última!; Dar un beso hermoso, no buscar besar. La belleza del alma, la conversación que roba sonrisas. El viento que nos haga llorar.-

hoy te había llamado, te escribí mil cosas en dos o tres palabras. Se que hay una pelea que ya no hay que luchar, se que hay mil cosas que una palabra ya no te cuenta. Me gustaba tu boca.

Empezar por disfrutar lo que hay, no buscar lo que no hay. En todo, esa ley sería ideal.

Así como nos gusta mirar el mar, un atardecer, disfrutar de la noche con estrellas, así nomás...

Me despido por que es tarde, y me voy a disfrutar amigos!
Slds.-
Yo

lunes, 2 de enero de 2012

remontemos vuelo

Remontemos vuelo.

Empezó de nuevo todo, lo que caímos sirve de brava herida.-
No nademos más contra la corriente, seamos parte del remanso, tengamos voz y color vivos. Dancemos.
El corazón algún día parará para siempre, a cuchillo hundido o como una presa caeremos a la redes del abandono.-

Que la sangre sea espesa, que lo que nos ponga triste sea una corriente turbia de inspiración. Seamos serios con la felicidad, enfrentémosla.-

Que el canto sea del río, que el coro nazca de tu alma. Al brillo saquémosle sus cruces.

No creamos que estemos perdidos, que la muerte no es la pobreza, el llanto aclarara toda sombra.-

En nuestro reposo, que no nos saquen escamas las mujeres sin piel, y si tengamos que pensar en una sola, entonces, a no abandonarla. Si tengamos que pensar en miles! Sepamos que al final hay una sola.

Los dones hay que buscarlos, no imaginarlos.



Recemos al día y a la noche, al frío buena cara, y al calor poca ropa, busquemos el mar de cada uno, que las musas, los dioses y las algas, vienen con las olas.

Joyce - ulises y nosotros y nuestra historia: 2011 era el futuro antes.

Joyce, escribió una joya, que se basa, o inspira digamos, en la historia del viaje de vuelta de Ulises, de nada más ni nada menos que de La Guerra de Troya.

Joyce, al terminar Ulises, quizás no dimensionó ni pensó en lo que salió de su pluma, sugestionada en la de HOMERO, hace miles de años, nos regaló un libro obligatorio.

La literatura, o el compendio de historias contadas y adornadas por cada feliz o infeliz escritor, nace necesariamente del acto o intención de plasmar en papel nada más ni menos que una historia real, feliz o infeliz e irreal. Contada con palabras mínimas o con la extensión de las obras de Tolstoi.

¿Cuantas de nuestras historias, reales o no, son “escribibles”?.

Al pasar el tiempo, me sigo haciendo esa misma pregunta y sigo asumiendo que ese escritor que todos tenemos dentro de alguna manera, ¿qué hace? Escribe las historias, las vive, o no hace nada que sea digno de ser considerada: Esta historia o vida es “escribible”. Repito: Lo que JOYCE, escribió, inclusive, con la sensible referencia a una historia anterior como fuente de inspiración es parte de su vida, su obra, sus cuestionamientos. Su historia.

Somos, seremos, no seremos, ni somos o utilizamos el JOYCE, BORGES, HEMINGWAY, que tenemos adentro…

Al pasado del tiempo es donde tenemos que remitirnos para aplicar el resultado al presente.-

Si no leyó ULISES de JOYCE, léalo. Si lo entendió bien, me avisa, yo sigo con varias conjeturas.-

No se olvide de vivir su historia.

Mi reflexión sobre el 2011.-

He saw them three by three, approaching girls, in green, in rose, in russet, entwining, per l'aer perso in mauve, in purple, quella pacifica oriafiamma, in gold of oriflamme, di rimirar fe piu ardenti. But I old men, penitent, leadenfooted, underdarkneath the night: mouth south: tomb womb. - fragmento de ulysses - James Joyce.