De tour
siempre buscamos el verano.- Anexo - http://soundcloud.com/jose-carvallo
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jueves, 29 de agosto de 2024
coincidencia
Busque una línea en el tiempo que intente encontrar un instante que nos conecte.
En el aire, vos, yo, en el paso desierto.
Solo eso...
un instante que conmueva la vulnerabilidad y nuestra existencia.
Que coincidan nuestras miradas como siempre, ese momento que se dice todo sin decir y que se silencia el espacio sin la velocidad de las cosas.
Seremos eternos, lo sé, en las hojas, en el agua, este aroma no se extingue ni nuestra humedad de los días eternos.
jc.
jueves, 9 de mayo de 2024
instinto y hambre
Tenía el instinto y el hambre afinados, estaba listo.
Bajé por las escaleras, 16 grados, saludé a Alberto, el encargado del edificio, ingresaban mientras salía, los doctores, limpiadores y otras personas encargadas de hacer andar los consultorios, era uno de los pocos que vivía ahí, el resto trabajaba o atendía pacientes relativos a la odontología o estética. Barrio Norte, mayo 2004.
Miré el cielo, tempranas nubes cargadas y grises, como las 7.15 de la mañana, la cuidad se empezaba a convulsionar, tenía que caminar hasta el subte o ir caminando hasta el centro, era el dilema inicial. Miraba a cada persona pasando como una imagen, como que cada persona sin mirarme colaboraba con mi vida, solitaria, anónima y yo, parte itinerante de mi propia existencia, actor de una obra aún más grande que no tenía título ni mucha razón.
No tener un norte en la vida era maravilloso, más aún ese día, no sabía ni que podría pasar en 5 minutos, más que tomar la decisión de ir caminando bajo la fresca llovizna con los ruidos y murmullos de la cuidad, esquivar perros y sus recuerdos y a los “runners” vespertinos que deambulan por las veredas, o bien, ir al submundo corporativo del subte, línea D, que me llevaría al edificio que debía cumplir un rol, en la oficina del estudio de abogados.
Decidí caminar, tenía minutos adelantados, la ducha fría en la mañana me daba la fuerza para salir antes y en ayunas, de hecho, no tenía mucho más que un vaso de leche y quizás alguna fruta. Preferí como casi siempre, salir a enfrentar el día con el estómago vacío, sabiendo que cualquier cosa que tenía que hacer, ayudaría a llevar algo a la heladera al final del día, antes de sucumbir o morir leyendo un libro, en el apartamento que no tenía TV, pero disponía de un sofá muy cómodo para la lectura.
Caminar por las veredas, pasar por las plazas, ver a los “yoggis”, a los jubilados, a los que se preparaban para protestar, a los que ya estaban protestando, sentir el ardor de la furia de los taxistas, fleteros, colectiveros y sobre todo saber que nadie ahí conocía ni siquiera un poco de mi existencia, era algo reconfortante, filosófico y emocionante.
No tenía celular, por lo que la comunicación conmigo era difusa, sí, por medios digitales al sentarme enfrente a una computadora, abrir un correo o cosas así, por lo que caminar por una gran ciudad sin teléfono me hacía poder ver el encante analógico del tiempo.
Caminar temprano sobre todo nos trae una reminiscencia extraña, una particular nostalgia por ver en todo lo que nos rodea justamente el paso del tiempo y nacimiento de épocas nuevas y nos conjeturan en pequeñas conclusiones como determinaciones más enfáticas: al final todo importa muy poco.
En las calles ves el paso del tiempo, sin esfuerzo por esa misma calle pasaron 300 años de historias, es decir, tu tiempo en esos pasos repetidos son los que pisan las huellas antiguas, inclusive, tus propias huellas que ya pasaron y se fueron inexorablemente. Escuchas los ruidos de las bocinas, de las cargas de los camiones que van desalojando cosas, de los pasajeros de los colectivos que bajan y suben, todo, absolutamente todo pasa y muere sin especular en un futuro. Es más, te das cuenta que tu instante es sólo eso, un segundo.
Caminé sin parar mirando a veces los árboles escasos, sus hojas perennes y la vida que existe en esos espacios, aves que también se han despertado y que miran fijamente nuestras vidas desesperadas en la tortura rutinaria de no poder mirarlas. Sentí el fresco abrazarme mientras esquivaba personas barriendo, limpiando, recogiendo desechos y tratando de darle forma nueva al nuevo día citadino para que luego pasen sus patrones y los terratenientes sin quejas aparentes por la cuidad que otros ensuciaron. Pensé en que, si podría simplemente caminar ese día, recorrer la cuidad hasta que por el cansancio parase a comer algo, tomar alguna copa y escuchar conversaciones que no tienen nada que ver con mis aspiraciones nulas, sentirme parte de unas vidas que no son mías y comentar mentalmente las respuestas u opiniones que les daría a estas personas desconocidas.
Tenía tiempo, y podía parar en algún lugar y ver que pasaba a mi entorno, el tiempo es para eso, ahí me di cuenta, el tiempo es el regalo que nos da el destino para que lo tengamos de sobra, por supuesto no lo hacemos, nos queda corto, nos falta y al final culpamos a él, hijo de cronos, que es muy rápido y no nos espera.
Como acto revolucionario, llegué a una plazoleta, antes de entrar al tumulto del microcentro y me senté unos minutos en el banco vacío. Vi cómo personas incomunicadas salían y entraban, abrían puestos de comercio, sonaban alarmas, se prendían coches y arrancaba la primera sirena policial a lo lejos, señal que cabalgamos!
Estuve encantado con el arte de un quiosquero con el ornamento y su liturgia precavida de cómo ordenar las revistas, los diarios y otros productos, mate en mano, arte puro. Sentí que lo tenía que saludar, no lo hice, porque hay veces que la cobardía nos atrofia la aventura, sin embargo, tuve la suerte que al minuto tuvo unos cuantos clientes complacientes, otros más soberbios y una señora con la mascota al pie, con una charla conmemorativa y elocuente.
Me recordó a mi abuela, ese tipo de señora, de varias décadas que solo un ser que la disfrutó puede entender lo que escribo. Sentí esa añoranza de ser niño en su casa, cuando se reía de lo que hacía, me preparaba la comida que me gustaba, me abrazaba con una fuerza exagerada como presagiando que nuestra relación era perecedera y ella, más que yo lo sabía, sentí, sin mucho que explicar un abrazo más, escuché su voz en mi memoria y casi se me escaparon lágrimas, cuando me despabilé rápidamente mirando mi condena, es decir el reloj, que me marcaba los pasos.
Subí a la realidad de un salto, seguí moviendo los pies, caminando contra el viento ya más frío.
El cambiar de dirección en las esquinas es un acto fabuloso para el caminante citadino, ya que las rectas, si bien son contemplativas, los giros son como un cambio de paradigma. Si todo el viaje, como la vida, fuese recto, estructurado, con los semáforos, cebras de cruce, altos, y veredas anchas, estimo que más que nada se perdería un tanto de vértigo, el cambiar de dirección sin menoscabar el derecho de cada uno elegir la ruta que desee, es al menos en mi mapa una idea que siempre me seduce, salirse del camino principal, buscar atajos o incluso delaciones hace que conozcamos más de nosotros mismos.
La toma de decisión debe ser casi instintiva, aunque internamente el plan final se esté elucubrando. En el desvió salí de caminar libre y con espacios, a sentir el rigor de la estrecha vía de los caminos antiguos de la cuidad, los coches casi que rozan la carne y entre los transeúntes se siente más que nada la inquietud, el apuro, y en el áspero cruce se denota también la amabilidad y la educación en situaciones límites, como por supuesto algún mal diseño arquitectónico y ni que decir la limitación mental urbanista por el imperio de la nueva generación cosmopolita.
Un tema no menor, casi insoslayable, son los cruces de miradas que duran de promedio 3 segundos, están en esos segundos historias irrealizables, amores, desamores, encuentros, asesinatos, llantos, soledades, y miles de desenlaces abiertos. El mejor de los cruces lo tuve con la opositora transeúnte, calle fina, que no recuerdo el nombre, pero quedé impactado, por la mirada, el pelo, el porte alto, fino, distinguido de la belleza cotidiana de la calle, fueron dos miradas y todo un mundo que pasó, los hijos que tuvimos, la casa, el lago, los abrazos y almuerzos familiares que pudieron ser, se fueron al terminar la cuadra, ya que, al volver la mirada, ya no estaba nadie más que la nada.
Sentí nuevamente el frío, pero una sonrisa se me dibujó caminando, respiré profundamente, cerré los ojos y por algún espacio sentí todo el silencio, todo lo que me había empujado para estar ahí caminando, lo que hicieron mis seres queridos, mis heridas, mis caídas y levantas, mi propia historia estaba entera, caminando, con el estómago vacío, pero con las ganas de seguir, a donde sea, por más que no lo sepa ni lo vea claro.
8.45, llegué al edificio, saludé al portero, miré atrás, gané un poco al tiempo, seguí subiendo.
jueves, 15 de junio de 2023
Amigo querido. (a JC)
(a JC)
De la sequedad cruel amarilla del prado al verde florido en un chasquido de cielo que cae desde del puñal del marino.
El agua gris que en el suelo negro hace de la estepa la esfera perfecta de la ciencia inexacta en nuestros cuerpos perenes, que como las hojas y el tiempo, en las arrugas deja sus llantos y risas, en un follaje viejo que crece inclaudicable y consecuente.
Como el dia persigue a la noche y todo se hace siempre.
En tus ojos estan mis dias, en tu recuerdo nace de nuevo un tallo fresco que será la sombra de algun alma en luna nueva.
En la madrugada de este invierno llega el repunte que mejor devela en su agua el reflejo del sol, que es frio en la escarcha y
caliente en los poros desnudos ante el nuevo firmamento azul, que deja ver las primerizas nubes arriba de las copas plateadas, de los arboles viejos. En su manto crecerán de nuevo las andanzas de los indefensos que alimentan la vida de sus seres tímidos, que andan por sus surcos húmedos, con sus pies descalzos.
En la tierra que nos has dejado te hemos devuelto con una lagrima mojada una sonrisa eterna.
Querido amigo.
Hoy tu sangre en mis venas.
Tu canto en ecos decididos.
Tu nombre en la hierba como diria el poeta.
La madrugada arranca muy fria y se va con la suerte del que se juega entero, volviendo del azar a la lucha caliente al encuentro del cenit enminente, en la faena del dia, en su devenir infinito.
Todos los momentos son nuestros para ellos y los tuyos, de todos los tiempos por siempre.
Gracias amigo por todo. Es lo menos que podré dejar en este escrito.
Por lo que no podemos ya decirte ni con los versos solo con el hermoso discurso de tu paso por el camino inmaculado.
Jc.
miércoles, 7 de septiembre de 2022
Renacer.
Habia sentido como en partes me partía
había sido una parte de todas ellas.
Sola se recompone el alma, sin necesidad de una sonrisa y quizas en la oscuridad...
Lo que se deja pasar puede durar mucho más que el tiempo, sin que corras ni sientas la necesidad de huir.
Hubo un tiempo, un extraño periodo de dejar pasar todo.
En ese espacio, en esos sonidos híbridos, ni tristeza ni alegría. El agua, la tierra, el silencio que rompe los vientos
el solo espacio en la pausa mínima e intensa del renacer. Ese momento, todo empieza de nuevo.
martes, 31 de marzo de 2020
de la aurora.
Aquella sonrisa.
esa verde sensación de sanar mirando el campo, respirar el aire, sentir toda su fuerza, su alma.
el viento fuerte después de la lluvia, la aurora en pausa, mirándonos.
cada uno
uno solo en todos, en cada tono, en todos los colores de este nuevo sol.
El comienzo de este espacio, en la firme creencia del amor, en sus vacíos y laberintos, en el tierno beso esperanzador.
Y en esa sombra, del árbol que nos calienta, bajo la casa del suelo frío donde en la calma, la verdad no miente
nos acobardamos de enfrentar nuestras fieras, solos, cada uno, uno solo en todos, sencillamente mirando, lo que vendrá, ya sin miedo a que la por la espalda, la ira de la celebración de todo lo que no tenemos, por que no nos falta nada más, ni el pan, ni la duda, nada, solo nosotros, mirando ya sin miedo, todo lo que nos gusta en el suelo frío, en la suavidad de la aurora, el amor, el beso tierno que nos ilumina la fantasía cruel, esa canalla exigencia de ser feliz con todo, uno solo...si solo contigo, veo la aurora y entiendo al tiempo.
Aquella sonrisa.
martes, 10 de marzo de 2020
la esfera, la luna y el adios
La luna, la luna lleva mi luz, en la noche,
en el sonido del fin de ella, que se va apagando.
La luna, que de frío desespera en mi noche que florece el sonido del fin de todo el escudo.
El muro y el vacío, mudos, me miran en la noche del final donde aún la verdad me cuesta sentir.
Todo sonido de tu voz es poesía no escrita, y la suave vida minúscula de nuestras miradas, en esta noche, de luna fría, se va, de a gotas terminando como toda existencia que no solo espera la culpa... cumple con su condena.
Escribí en tu cuerpo el fuego que es ciego, casi siempre fui certero, no lo se. Quizás no todo se debe medir en tiempo.
La luna gigante me va guiando y caminando escribo estos versos, en el frío de la noche que se va apagando.
Las luces, el piso duro del norte de paris, todo en la luna que bajo su luz de adios, nos indica: es el adios, es el instante donde entregamos parte de nuestras vidas, para siempre.
Los pequeños jardines colgantes, flores, almas, voces, de todos los pasados de todas esas almas, y sus noches, sus lunas, la esfera y sus pedazos, sus finales y los jardines colgantes con sus flores que acercan todo lo que pueden para cobijarse.
Siempre estaré, en este pasado, caminando solo sobre el duro y frío suelo, de la piedra antigua, bajo la luz de luna de esta noche efímera, que será eterna, como el adios.
jueves, 2 de febrero de 2017
viernes, 28 de octubre de 2016
de nadie
El alma de febrero,
sus puñales
sus hadas.-
sus apuestas en las cartas de puño y letra,
todas sus vidas pasadas.-
Arrancándonos todo lo que perdimos, lo que no tuvimos ni lo que quisimos.
La mirada del verano que sin prudencia muestra su histeria en tu vientre, tus pechos,
el frenesí de las promesas y la luna.
Arrancándome un cada vez que toda tu mujer es.
No hay prisa en tu sonrisa.
No hay anden vacío.
Somos víctimas
Somos de nadie.
miércoles, 5 de octubre de 2016
una ventana
Dar tantas vueltas, es parte de todo ser, parte de su vanidad, de sus caídas y de todo lo que se va en ellas.
Ser de tantos lugares, sentir que el viento y lo que trae en parte, es cuestión de un ser que todo lo junta, si lo sabemos es por que lo sentimos por más minúscula sensación, por más pequeño latir de las células. En las flores, en las hojas, en los ojos llorosos de los niños, en la música hecha de escenas, inspirada en el silencio, sólo algo como eso, del ser que todo lo junta.
Su mar, su estar en la nada, suspensión del tiempo, parar, respirar, dormir sin cerrar los ojos. Cada pedazo de tiempo que se nos va volando sin parar, como gira el mundo en su eje, como gira el sol en un eje mayor, como todo va girando, cambiando y dejando atrás cada presente que se vuelve historia y que no vuelve.
El vapor de las aguas por el sol, el sol reflejado en las aguas, todo esta más allá que yo, que vos.
Mirábamos desde la ventana a la vida. Cada vez más. Ella nos va dejando y alejando.
Doy los pasos necesarios para salir, escaparme por completo. El miedo es la sal,
indivisible ser que todo lo junta
domingo, 21 de agosto de 2016
I
No cualquier persona puede ser el hidalgo. Dejar todo.
Todos podemos intentarlo, antes de levantarnos como Gergor Samsa.
Todos podemos intentarlo, antes de levantarnos como Gergor Samsa.
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